Quienes Somos – Casa Rural Villa Petaca

Petaca, que así era conocido realmente Antonio Díaz Hurtado, se levantó un buen un día con un sueño de esos que denotan una gran personalidad. Corría el año 1976 y tomó la decisión de vender su piso de Alcorcón (Madrid) para invertir ese dinero en su sueño: regresar a Santa Amalia, Badajoz, para enraizar allí su legado.

A lo largo de la historia, los pioneros han podido emprender sus viajes al horizonte soñado, a priori inalcanzable, gracias a la participación de un Sancho que les aporte la comida, la seguridad o la dosis de realidad necesarias para saltar al vacío. Ese personaje es en nuestra historia Pedro Nieto Ruiz, cuñado para más señas.

Petaca encontró en Pedro y su casa el cobijo que necesitaba para estudiar el mercado del suelo local. Antes de dos semanas se decidió por el viejo olivar de Eusebio García. Un terreno como tantos otros en apariencia que en la visión de Petaca recogía todas sus aspiraciones vitales para Santa Amalia.

Sin embargo, la guinda de ese sueño entre olivos sería un pequeño chalé individual (todo un símbolo de distinción y un alegato de determinación personal para la época). El horizonte ya no está tan lejos.

Una vez elegido el lienzo, ahora tocaba pintar. Petaca echó mano de sus dotes de arquitecto onírico que tan buenos y evidentes resultados le habían dado. La conexión franco-extremeña de esta historia la constituye Camacho. Este albañil jubilado procedía originariamente de Medellín, aunque su retiro laboral se produjo en el país transpirenaico.

Camacho constituía la experiencia sobre el terreno; faltaba el delineante de la obra. Es en este punto donde el manto de complicidad que fue extendiendo Petaca comenzó a abrigar de verdad la materialización colectiva de su sueño. Le dijo a Paulino Díaz Nieto sin mayores miramientos: "Hijo, si quieres que la casa de Santa Amalia sea a tu gusto debes hacer los planos".

¿Qué otra opción le queda a quien place dejarse llevar por la corriente de un sueño? Paulino dibujó la visión de Petaca sobre papel técnico pero con muchas fibras de entrañas y se entregó a un proyecto que todavía hoy, en 2015, continúa Nira Montesdeoca González y Emiliano Díaz Andrade, hijo de Paulino, nieto de El Tío Petaca y padres de dos pequeños sueños, Darío y Mara, que a buen seguro se entregarán con la naturalidad de las sagas a la corriente que baña el hogareño olivar de Santa Amalia, rebautizado ahora como “Villa Petaca” en honor a su historia.